En campaña, el duelo no puede convertirse en un recurso electoral
La tragedia de Urda ha interrumpido la conversación política a pocas semanas del 29-N. Retomarla con respeto exige más que bajar el volumen unos días.
El accidente ferroviario de Urda ha cambiado el calendario emocional de una campaña que ya estaba en marcha. La Cadena SER informa de que las formaciones han tenido que reajustar su actividad y debatir cuándo retomarla. El luto no suspende la democracia, pero obliga a preguntarse qué tono merece este momento.
En una tragedia, acompañar a las familias y atender a las personas heridas debe ocupar el primer plano. La política puede ejercer su función de control sin convertir cada comparecencia en un intercambio de acusaciones. Exigir responsabilidades es necesario; utilizar el dolor ajeno como una pieza de estrategia es otra cosa.
Tampoco hay que confundir respeto con silencio. Las instituciones deben informar y dejar trabajar a quienes investigan. Los partidos pueden reclamar transparencia y garantías de seguridad, pero sus afirmaciones tienen que separar lo comprobado de lo que todavía está bajo investigación.
El 29 de noviembre votarán millones de personas, según el calendario oficial. Que la campaña se reanude no obliga a fingir normalidad ni a abandonar los problemas que estaban sobre la mesa. Sí exige recordar que una víctima no es un eslogan y una investigación no es material de campaña.
La vida democrática se mide también por cómo atraviesa una pérdida colectiva. Un debate más sobrio no sería menos político: podría ser más útil. Hablar de prevención, servicios públicos y responsabilidades con datos y sin especulación permitiría discutir decisiones que afectan a la vida común.
Fuentes consultadas
Una opinión de Amara Bello